martes, 8 de enero de 2008

A modo de presentación

Mi nombre es Félix Amador-Gálvez y, aunque muchos de los que leéis esto conocéis mis textos, mi vida es un misterio incluso para mí.

Nací sin años, en la que aún es la casa de mis padres, allá por 1965 en Moguer, el pueblo blanco que cantara Juan Ramón Jiménez, y puede que la sombra del poeta alumbrara mis primeros años. Dicen que comencé a leer y escribir muy pronto y que, ya en el colegio, destaqué por las letras, colaborando con artículos y poesías al periódico escolar. A los once años me presenté a un concurso organizado por un centro cultural hoy desaparecido, que estaba en la Calle Aceña, y gané un modesto tercer premio que, en contra de lo que pudiera sugerir, avivó mis ansias de componer historias de tal manera que aún no se han extinguido.

En el instituto escribí una obra algo esperpéntica sobre el mito de Cenicienta en colaboración con un amigo. Después de muchos ensayos, resulta que jamás se estrenó. No fue una buena época. Estudiaba mucho y leía poco. Dejé de escribir poesías y en un arranque de absurda sensatez quemé todos mis poemas y renegué de la religión de santificar las rimas.

Durante un tiempo participé en varios programas de Radio Moguer. Críticas de libros, de cine, música... El último de ellos, que llevé a cabo en solitario, estuvo lleno de jazz y relatos. Escribí al menos uno para cada noche y llegamos a cumplir los 150 programas...

Pasaron, sin embargo, años antes de que volviera a escribir de manera constante. Compuse una novela histórica, sin merovingios ni tramas fantásticas, y la guardé en la papelera. Retomé la narrativa corta y comencé a ganar pequeños premios. Encontré algunas revistas con huecos para mis historias. Internet fue un mar navegable hasta que llegué a puerto.

En 2007 comencé una locura, publicando una novela por entregas en forma de blog. Se titulaba "Diario de un feo recién divorciado". No puede decirse que fuera un éxito rotundo (hay demasiados blogs en la red), pero sirvió para encontrar fieles lectores, apasionados (más de 100.000 visitas) que seguían cada capítulo al ritmo de 3 ó 4 por semana. Humor, amor, desamor. Demasiado frenesí.

Ese mismo año, meses antes, había publicado en Lulu una novela en la que llevaba trabajando los últimos cinco años: "Las palabras mágicas". El mercado editorial parece saturado de best-sellers que cambian de tono y temática cada temporada, de manera que me aburrí de enviar mi manuscrito a uno y otro despacho, y lo subí a Lulu.com después de haber pasado por el gabinete de sabios de mis amigos y colegas lectores/escritores, cuyo amor por la literatura supera el siempre interesado veredicto de los expertos de las editoriales. El resultado está ahí. 261 páginas. Algunas ventas discretas y muchos, muchos comentarios, algunos incluso festivos y halagüeños.

En ese orden de cosas, no podía resistirme a que la primera temporada de mi Diario  saltara de la soltería de internet a una relación más profunda con sus lectoras en forma de libro, y ahí está.

Después, han ocurrido milagros (por inesperados) como la publicación de mi libro de relatos por la Diputación de Huelva y, al año siguiente, la aparición de El Moguer de Juan Ramón Jiménez [Breve guía para el viajero pasional] en el catálogo de la Fundación Zenobia-Juan Ramón, buenas críticas, mucha prensa y las sucesivas partes del Diario, empujadas por el interés de los lectores y (¿por qué no decirlo?) por sus ventas.



Sigo escribiendo. Este blog es sólo un escaparate. He incluido enlaces a algunos relatos y a otras islas donde podrán encontrarme. Los comentarios serán bienvenidos y los lectores, por supuesto, también.

1 comentario:

Cafe Meletti dijo...

Parece ser que voy a ser el que tenga el honor de publicar el primer comentario en este recién estrenado blog. Desde luego se agradece mucho la visita y el comentario que has dejado en el mio propio, especialmente porque de esa forma me das la oportunidad de conocerte y de saber qué es lo que haces. Para mi sería un segundo honor ya hoy poder charlar contigo pausadamente y que me hables de tus escritos, de tus premios y, especialmente, de tus inquietudes. Lo mismo hasta puede salir una buena entrevista para mi Café Meletti. Desde luego no es El País ni yo soy ningún Polanco, pero por suerte hago lo que modestamente puedo y me gusta. Sin más, espero recibir de nuevo tu visita de vez en cuando y poder a partir de hoy leer tu blog. Un saludo