jueves, 22 de enero de 2009

Lecturas y relecturas: Cuentos para gente impaciente

No soy un crítico literario ni abrí este blog para otra cosa que no fuera dar a conocer las publicaciones y proyectos que van saliendo de mi pluma, pero hay libros que merecen una reseña y recientemente he leído dos que van a caer en este blog. Al fin y al cabo, estoy en un momento en que estoy dedicando más tiempo a leer y menos a escribir (estoy corrigiendo una novela corta) y, de todas formas, como escribe David Lodge en Trapos sucios, los críticos sólo escriben sobre sí mismos.

El primero de estos libros es Cuentos para gente impaciente (Bubok, 2008).

El cuento corto es un género que requiere técnica narrativa y un gran dominio de esas artimañas que permiten, además de jugar con las palabras, jugar con el lector. Javier de Ríos posee ambos dones. Sus Cuentos para gente impaciente son esos cuentos que transmiten escenarios y situaciones con economía de recursos. Las descripciones son sobrias pero efectivas, los personajes son esbozos que despiertan la imaginación y sus tramas son tanto más inquietantes porque pertenecen a seres normales con los que el lector puede identificarse.

Hay dos cuentos en este libro, La perfección de los surcos y La matanza, ambientados en el áspero escenario del campo castellano. No es una elección al azar. Hereda retazos del realismo, vistiendo a sus personajes cercanos o vulgares o comunes con una piel completamente verosímil que nos hace creer que la vida de estos cuentos es la vida real: nacer, crecer, morir. Javier de Ríos nos devuelve estos momentos de la vida cargados de sentimientos y miedos, momentos inconmensurables de niñez sin adjetivos, como en La momia y El arte de contar, y retales de vida que nadie querría vivir, como en El buen hijo, o esos otros en que nos llega el instante indefectible de hacernos adultos, en que la sociedad nos autoriza (o no) a tomar una escopeta o un cuchillo de matar cerdos y hemos de demostrar que realmente deseamos cruzar esa línea.

Como imitando la estructura circular y característica del cuento, el libro comienza con un episodio entre divertido y espeluznante de la niñez (La momia) y termina con un perdón que espera hasta la vejez para hacerse palabra (Monólogo para un sonotone), dando al libro en sí la solidez de un conjunto.

La conclusión es que los de Javier de Ríos no son cuentos para gente impaciente, como quiere hacernos entender el título. Son cuentos para gente que sabe leer, cuentos para lectores sensibles capaces de captar la grandeza o la maravilla de un instante pequeño, de uno de esos momentos que se pueden capturar en tres o cuatro páginas. Cuentos para lectores sin mucho tiempo libre, eso sí, pero capaces de llenar todo un día con el más leve recuerdo de las historias que contienen.

En una sola palabra, recomendable.

3 comentarios:

Dolo dijo...

Pues nota tomada: lo compraré y leeré cuando pueda.
Gracias por la recomendación, amigo.

Manuel dijo...

Hola Félix. No nos conocemos , aunque en este pañuelo sin bordes que es la blogosfera, poco importa. Por carambolas varias recalé en tu blog de Jazz, donde ya te dejé un comentario en el post sobre Esther Andújar (bella y personalísima voz, buen acompañamiento instrumental. Me gusta). Veo que aparte del jazz, nos unen otras casualidades y coincidencias.
Aunque vivo y trabajo desde hace tiempo en Sevilla, soy de Huelva. También soy pintor, fotógrafo esporádico ( aunque hace algunos años que tengo estancados los pinceles en detrimento de otros proyectos)y aficionado a la lectura, aunque últimamente leo sobre todo libros japoneses de Haikus y novelas policíacas de Fred Vargas. Me encontrarás enredado con mis crónicas y escuchando a Charlie Parker en mi Ínsula Dulcamara. Un cordial saludo.

Another Lovely Rainy Day of November... dijo...

Si tú lo recomiendas... tiene que ser bueno