viernes, 5 de marzo de 2010

8 de marzo

El Día de la Mujer (antes más reivindicativamente llamado Día de la Mujer Trabajadora) ha tenido siempre el signo de la demanda justa. Veréis: no es fácil escribir sobre igualdad sin caer en el tópico o en el discurso fácil.

Acabo de recibir un premio relacionado con la igualdad de género por mi relato Olvido es nombre de mujer, un relato que pertenece a una serie en la que me zambullí inconscientemente en un experimento de resultados inesperados: quería intentar entrar en la psicología femenina para crear personajes más complejos y fuertes. Meternos en personajes femeninos es una especie de travestismo literario que hacemos a menudo los que escribimos ficción. ¿Por qué?

Las mujeres son personajes muy agradecidos (quienes escribimos y quienes leemos lo sabemos muy bien) porque prestan registros más amplios y profundos que los masculinos y porque abarcan más facetas de la Vida que estos últimos. No me cabe duda. Siempre he pensado que una de las trabas que encuentra la tan esperada igualdad de oportunidades es, precisamente, que los hombres sabemos que las mujeres son más inteligentes y más fuertes.

Un ejemplo visible de esta fortaleza que todos conocemos y al que homenajeamos hace unos días en la Casa-Museo de Juan Ramón Jiménez es Zenobia Camprubí. Ella fue el pilar fuerte del binomio que formó con el poeta y, aunque JRJ fue el protagonista de la historia, Zenobia fue el pilar fuerte de la relación. Se ha dicho que ella abandonó su carrera literaria para dedicarse a él. No es del todo cierto. Sí es cierto que se encargó de corregir, ordenar y antologar a JR, apoyando su carrera, pero también lo es que continuó traduciendo y que fue una gran escritora de diarios hasta el final de su vida (sin sus Diarios no se entenderían muchos aspectos de la Obra juanramoniana). Sumémosle a todo esto que ella fue el sostén anímico del Juan Ramón hipocondriaco y también quien se encargó de mantener la economía del matrimonio con su espíritu inquieto y emprendedor.

Las mujeres son más fuertes e inteligentes porque tienen un don: son capaces de interiorizar cuanto les rodea: interiorizan las situaciones, interiorizan los problemas, interiorizan las relaciones, interiorizan los sentimientos de los demás. Esto las hace más inteligentes, más intuitivas, más sensatas, más sensibles, más fuertes; pero también es un defecto, porque las hace más vulnerables: Es más fácil herir a una mujer fuerte que a un hombre débil.

De esto y de mujeres modernas en un mundo que se niega a modernizarse es de lo que trata mi relato y de lo que realmente debe tratar el Día de la Mujer. Yo sólo puedo hablar desde la perspectiva literaria, sólo puedo hacer lo que en mi vida particular hacemos los hombres a los que nos importan las mujeres que nos rodean, pero sé que aún queda mucho por hacer. Mi relato aparecerá en septiembre en la revista Montemayor; el Día de la Mujer está ahí, a la vuelta de la esquina.

No hay comentarios: