lunes, 22 de abril de 2013

FIN

Sólo hay oscuridad. No quiero abrir los ojos. He terminado la novela e intento no pensar. Siempre es así, como la primera vez, siempre un estremecimiento y un subidón como si hubiera coronado el Everest o acabado una maratón. En el fondo, es algo parecido. Imprimo las trescientas páginas en gesto de incredulidad porque no estoy seguro de que en realidad exista o porque necesito sentir que es algo tangible pero, en el fondo, sé que lo mejor es meterlas en un cajón, ese cajón lleno de páginas impresas del que sólo han salido un tocho o dos o puede que fueran seis. ¿Qué más da? Lo mejor es no pensar, no hacer nada. Sé que me asaltará el ansia de repasar, de retocar. Hemingway decía que una actividad física revive la creatividad paralizada. Mejor no hacer nada entonces. Déjalo reposar. Ya lo leeré dentro de unas semanas o unos meses y todo será más fácil. Ahora el parto ha finalizado. Simplemente, toca descansar.

2 comentarios:

Aniquiladora dijo...

Qué gran consejo -porque me lo he tomado así, como una recomendación-.
Tienes razón. Trescientas páginas son muchas páginas. Imagino tu cansancio. Y el cansancio nos es buen aliado cuando se trata de repasar lo que hemos hecho. Cuando ya no nos quedan ojos, lo mejor es apagar las luces.
Dentro de unos pocos días, cuando abras ese cajón, la luz volverá a ti, y tu obra resplandecerá sin necesidad de más maniobras.

Besoss.

Amando García Nuño dijo...

A mí me pasa lo mismo cada vez que acabo un poema de quince versos o un micro de diez líneas. Agotador.
Ya decía mi madre que nací cansado.
Por cierto, no conocía este blog, creía que solo abrevabas el de jazz, donde estás mucho más activo.
Un abrazo.