viernes, 1 de septiembre de 2017

OTOÑO CALIENTE

Veo de pronto en el calendario que ha llegado Septiembre. Me gusta así, con mayúsculas, como se escribían antes los meses cuando todo tenía su importancia y las cosas de la vida duraban más que los veinte segundos de un anuncio de televisión o la semana de una moda pasajera. 

Hitchcock solía derivar con habilidad las preguntas en las entrevistas para evitar hablar de su vida privada. La mía no le interesa a nadie, quizás porque la felicidad o la paz son menos interesantes que el conflicto o el drama. Dejo estos últimos para la ficción, que es lo que más me hace feliz en el teclado.

Para quienes alguna vez me preguntan, diré que sigo viviendo ese vértigo del trabajo sin descanso y sin horario, pero más en mi mente, donde se acumulan proyectos y proyectos que no tengo tiempo de poner sobre el papel ni en los días ni en las noches. Hay una obra (o dos) de teatro esbozada, una novela a medio terminar, unos relatos que asaltan mi imaginación y que están pidiendo a gritos que los desarrolle... pero las horas del día (y muchas de la noche) están monopolizadas por la adaptación de El médico, el gran proyecto que verá la luz en diciembre si los hados lo permiten. 

Leí la novela de Noah Gordon cuando apareció. Me devolvió la fe en la novela histórica (después la perdí con El código Da Vinci). El médico me enamoró y la releí y, cuando apareció la trilogía, la volví a releer para disfrutar de la saga Cole de principio a fin. Tener la oportunidad de adaptarlo a teatro musical está siendo una experiencia fascinante.

Todo comenzó cuando el compositor Iván Macías recibió una negativa a la adaptación. Parecía un tema de negocios, de manera que grabamos dos temas dramatizando la historia de Rob J. Cole y el propio compositor subió a Barcelona, donde vive uno de los hijos de Noah Gordon. Corría Junio de 2016. Michael Gordon, después de escucharlos, lo invitó a visitar a su padre en Boston. El escritor, que contaba en ese momento 89 años, recibió los temas con entusiasmo y... Aquí estoy yo, involucrado en la historia, con un año y medio de trabajo detrás y disfrutando.

Iván Macías tocando uno de los temas para Noah Gordon en Boston en 2016

Para alguien como yo, que prefiere el ejercicio de poner una palabra detrás de otra en la intimidad del estudio o en la paz de una terraza, el trabajo colaborativo es un desafío. Compositor, director, productores... todos tienen propuestas sobre el texto para que el resultado de la obra sea perfecto y el trabajo en equipo se desarrolla lento y en círculos. Por suerte, los círculos van formando capas que dan cada vez más brillo a cada escena hasta que... Bueno, hablaba del desafío de un trabajo colaborativo. Hay tantos escalones en el producto teatral que uno siempre puede aprender algo nuevo de todos ellos. Sin entrar a valorar que el autor del texto acaba siendo el escalón más oculto y el menos aplaudido del proyecto, es una gran experiencia.

De modo que seguimos...

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