lunes, 23 de abril de 2018

KARMA EN EL DÍA DEL LIBRO

Soy de esos que nunca ha regalado en el Día de los Enamorados, de los que celebra el Día de la Madre el resto del año, de los que se olvida de las fechas, de los que encuentran un objeto singular y lo compra para regalarlo pero, sin embargo, sufre enormemente cuando llega un cumpleaños y tiene que buscar un regalo "por obligación". He ido muchas veces a la ferias del libro y nunca he vuelto con las manos vacías pero jamás he sentido la necesidad de celebrar el Día del Libro. El karma, por su cuenta, ha decidido este año que debía hacerlo.

Uno vive enredado en las prisas y los objetivos (siempre hay algo que escribir o algo que reescribir o alguien a quien rescribir) y no está al tanto del paso del tiempo hasta que las noticias en la radio del coche se lo recuerdan. Puede que, aunque compro más libros de los que me da tiempo a leer, me haya recorrido cierto sentimiento de culpa al escuchar la noticia y llegar a casa y constatar que el cartero me ha dejado ¡un libro! me ha provocado, al mismo tiempo, un sobresalto de sorpresa y un sentimiento de alivio.

He tenido que recurrir a varias cuentas de varias tiendas de Internet para recordar cuándo y por qué había comprado ese libro (porque sí, lo había comprado y lo había olvidado) y, al fin, hallé la solución: dos meses y un día antes, en iberlibro.com, un libro raro que sólo se ha publicado en inglés, un libro de segunda mano que llega con la etiqueta de una biblioteca pública de una pequeña ciudad de Estados Unidos..., un objeto pesado y cuadrilátero que me llama desde la mesa de la entrada y que se convierte de repente en nuevo objeto de deseo, imprescindible, que necesito coger cuanto antes para pasar sus páginas, entender su historia...

Otro día hablaremos de los libros de los que se desprenden las bibliotecas, de las historias que subyacen en los libros de segunda mano... y de lo lento que son los servicios de correos, aquí o en América.

No hay comentarios: